Salutación

A Jorge Ignacio Domínguez, 
al ver las fotos con su esposa e hija.

El sano orgullo que me gusta tanto
por las muchachas que también admiro
hirvió en la leche de tu hogar guajiro
al calor de una virgen y de un santo.

La sagrada familia tiene encanto
y está en tus ojos y está en tu sonrisa:
Una ilusión más fresca que la brisa
del mar azul que te enaltece. ¡Cuánto

tiene de cielo el pan de cada día!
Dos varones también son la alegría
del noble hogar donde esta llama arde.

Esa sonrisa es tu deber, hermano,
y ese orgullo labrado por tu mano
tiene de celestial. ¡Qué Dios los guarde!

Luis Carlos Coto Mederos
Víbora Park, septiembre 2020.

 

Palabras en el Libro de Jorge Báez González

Prólogo

Hace algo más de cien años, el artista ruso Vasili Kandinsky ofreció en unas acuarelas las pautas de la modernidad para el arte abstracto, desde entonces las artes y los artistas fueron un poco más libres.
Al renunciar definitivamente a lo figurativo y poner el énfasis en los colores, las líneas, las rasgaduras y las manchas se abre para la creación un infinito de posibilidades que antes permanecían como maniatadas. El abstraccionismo es pues el arte donde el color significa por sí mismo, el tipo de material sobre el que se pinta y las texturas logradas pesan como valor en la obra y el ritmo de la composición y la libertad compositiva son esenciales.
Jorge Báez Gonzales es un pintor abstracto. Revisando su vasta producción artística nos percatamos que es un buen representante del abstraccionismo lírico. Ha transitado, claro, diversos caminos  para llegar a esa definición donde echó raíces y encontró su plena madurez.
Báez no pinta figuras conocidas, sino, emociones. No nos cuenta una historia; nos confiesa un sentimiento. Ese es el presupuesto de su obra:     alegrías, tristezas, miedos, esperanzas; dibujadas, pintadas, construidas sobre el lienzo o el papel de modo que lleguen transparentes y fluidas a su destino como el agua que nace de las entrañas de la tierra y va sorteando los avatares de su cauce, hasta llegar al mar.
Este libro es una pequeña muestra de la obra de Jorge Báez Gonzales, o mejor,  una pequeña muestra de su vida misma, porque de eso se trata. Báez es un artista entregado en cuerpo y alma al servicio de un mundo menos rígido, más acogedor y humano que él ya ha visto con anterioridad en sus sueños.

Luis Carlos Coto Mederos
Víbora Park, septiembre 2020.

Contratapa

Báez trabaja con la misma intensidad con que juegan los niños. Absorto y desprejuiciado va a lo suyo sin que algo pueda impedirlo.Al decir de su mejor crítico, -nuestro hermano Jorge Ignacio Domínguez-, “Báez es un enamorado ferviente de las imágenes que sueña. Su obra es la fecundidad de la abstracción poseída”.Yo lo veo como un músico que pone acordes en un pentagrama vacío, después se queda observándolo y comienza a quitar unas y a poner otras, a ligar acordes, a enfatizar sonidos. Todo para que suene como ya lo ha escuchado antes en su absoluta intimidad. Una especie de sinfonía de sus sueños.
Luis Carlos Coto Mederos
De las palabras en la Inauguración de la Exposición Papeles de La Habana.Taller Experimental de Papel Artesanal de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Palabras para la contraportada del libro de Judit.

 Contraportada

 

  

  

  

 

 Desde que el gran poeta modernista Rubén Darío recopiló en un libro titulado Los Raros, una serie de semblanzas de autores admirados por él, sabemos un poquito más sobre ciertas almas que nos salen de repente al encuentro en la cotidianeidad.
Esas personas guardan en sí, -y para sí en un primer momento-, el germen de la genialidad creativa. Sucede siempre que al fin el talento los desborda y terminan revelando ante la sociedad su bien guardado secreto: una irresistible vocación artística.
Hoy tengo ante mí una serie deliciosa de obras realizadas con la técnica del kirigami y otra serie deslumbrante de dibujos a plumilla. Todas pertenecen a la artista Judit Báez González.
Tengo la dicha de conocer a Judit desde que era muy pequeñita. La he visto crecer y convertirse en una preciosa muchacha.
Claro que correteaba por el patio de mi casa junto a su hermana menor y mi niña. Claro que reía y alborotaba como las demás, mientras en vespertinas tertulias compartíamos café y afectos su familia y la mía. Pero era evidente, Judit nos hacía saber, siempre, que guardaba un secreto. Hoy diríamos mejor: un tesoro.
Martí nos advierte en LA Edad de Oro que “… en las almas de las niñas sucede algo parecido a lo que ven los colibríes cuando andan curioseando por entre las flores.”
Hoy podemos exhibir con mucho orgullo en este libro, gracias al hermano Ignacio Cabera, una pequeña muestra de su vasta producción. Sirva pues para celebrar el talento de tan bella jovencita y para darle una bienvenida muy saludeña al caudaloso universo de sus sueños.

Luis Carlos Coto Mederos
Monterrey, 15 de enero del 2020

Salutación a la Noche Buena en la Casa de Don Dagoberto Moreno y familia

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles; …
Salmo 126

Ahora que saben cuánto admiro este país hermoso quiero decirles que no me he apartado ni un milímetro de esa Isla caribeña, noble y también hermosa que todos conocemos por Cuba.

Cuba es un país de poetas, serlo allí es una tarea muy ardua. Por eso quizás debemos admirar más a quienes han tocado esas cimas tejiendo sueños con los finísimos hilos que nos legó Cervantes.

Para mi gusto, ese honor tiene nombre: Dulce María Loynaz.

Como esta noche es Noche Buena y como quiera que sea, me ha sorprendido lejos de mi casa, no he podido evitar el insistente martilleo de ciertos versos de tan prestigiosa escritora:

Y es que el hombre, aunque no lo sepa,
unido está a su casa poco menos
que el molusco a su concha.
No se quiebra esta unión sin que algo muera
en la casa, en el hombre... O en los dos.

El que nació sin casa ha hecho que nosotras,
las buenas casas de la tierra,
tengamos nuestra noche de gloria en esa noche;
la noche suya es, pues, la noche nuestra:

La voz poética es la voz de una vieja casona que se lamenta de la ausencia de algunos de sus miembros. Desde los meses precedentes venía anunciando con cierta expectativa:

Pero por mucho que demoren,
para diciembre al fin regresarán,
porque la Nochebuena se pasa siempre en casa.

Diáspora de ilusiones maltrechas… pudiera concluirse entonces.

No. Claro que no, no sería justo ponerle ese broche final a mi visita porque cuando, -como en esta noche, amén de otras,- una casa ajena te abre generosamente sus puertas y la familia pone con entusiasmo un plato más en su mesa, -y te hace un lugar en el centro mismo de su sagrado corazón-, es porque estamos asistiendo a la víspera de una doble navidad: la Navidad del Niño Jesús que cada año deseamos sentir en nuestra vida, y la navidad de la amistad, el respeto y el amor entre personas, -que me brindan y les brindo…

No fue casual que pusiera exactamente al inicio esos verso del Salmo 126.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles; ...

Es que los percibí desde que por vez primera traspasé este umbral. Sentí las buenas vibras del Señor.

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que me creo como en familia y en casa, como es menester para poder celebrar con júbilo la Noche Buena. La verdadera Noche de Paz.

Muchas gracias, familia.

¡Que viva el Niño Dios y que nos bendiga a todos!

Luis Carlos Coto Mederos
Monterrey, 24 de diciembre del 2019.

 

     

Patricio Lastra

Patricio Lastra es un personaje célebre de La Salud, mi pueblo. Quizás mis paisanos gusten llamarlo celebérrimo. Yo estaría de acuerdo.

Fue un repentista sin igual, un decimista único, un improvisador genial. Fue conocido en Cuba, todos lo sabemos, como “El Rey de los Pensamientos”.

Su fama de poeta guajiro está muy bien acompañada de un anecdotario satírico humorístico casi interminable.

Hace algunos años, mi amigo, el también poeta saludeño Fermín Carlos Díaz publicó un libro con parte de su poesía y de sus anécdotas. Magnífico y merecido homenaje a un artista popular nuestro.

Fue el creador y presidió por años el Bando Lila, según Fermín Carlos <<una verdadera institución con junta directiva de dieciocho miembros, un enorme listado de socios divididos en comité de apoyo y un notable sistema de promoción y propaganda muy personal.>>

Patricio falleció en su casa de Marianao cuando yo tenía apenas siete años. Recuerdo la consternación que nos causó la noticia de su muerte repentina. Recuerdo también cuando lo vi por vez primera. Quizás un año antes de aquel infausto día.

Estábamos mi padre y yo frente a lo que era entonces el policlínico del pueblo, la casa que habían dejado los Rouco cuando se marcharon a vivir a otros lares: el estado la había convertido en una especie de Casa de Socorro.

Un viejecito amable y sonriente se nos acercó saludando efusivamente a mi papá. Era Patricio.

Tras el intercambio de saludos mi padre le dijo señalándome a mí: -Patricio, este niño quiere ser poeta…

Puedo asegurar que nunca había manifestado tales deseos y sobre todo que no tenía -y no tengo- idea de qué era eso de ser poeta. Fue la manera que encontró pipo para darle un pie al genio improvisador.

En consecuencia, el juglar comenzó a dispararme a quemarropa, una tras otra, muchas décimas. Sólo recuerdo que todas terminaban diciendo: – “¡Y te enseñaré a poeta!”

Las personas que esperaban, como nosotros, por los servicios médicos fueron agrupándose a nuestro alrededor y disfrutaban mucho de aquella disertación coherente y rimada que hacía las delicias de cualquiera.

Con los últimos versos de una décima se despidió del corro y nos dedicó una pícara sonrisa al tiempo que decía adiós con su mano. Todos quedamos allí sonriendo, y aplaudiendo, en medio de la calle. Ese era Patricio.

Cuentan que durante una controversia cierto contrario lo amenazaba con tumbarle (metafóricamente) el bohío, aludiendo al programa radial llamado “Una hora en mi bohío”, liderado por Patricio. El bardo saludeño le ripostó enérgicamente:

Son muchos los que han querido
desbaratar mi bohío
pero hasta aquí amigo mío,
ninguno lo ha conseguido,
porque él está construido
con material de lealtad,
tablas de sinceridad,
cuje y guano de civismo,
clavos de compañerismo
y cimientos de amistad.

Patricio nació en la finca Ramírez, situada en la carretera que va desde La Salud a San Antonio de los Baños.

Si vas a mi casa un día
encontrarás en la entrada
una palma jorobada 
y una mata de baría.

Así identificaba el poeta la entrada a su finca. Creo que todavía están la palma jorobada y la mata de baría como diciéndonos: —“Aquí nació un hijo célebre de este pueblo”.

Hace algunos días, hablando con mi hermano Pedro José, me recordó y me hizo anotar esta glosa que leí siendo niño en uno de los pocos libros que escribió el popular repentista.

La historia de mis amores

Entré en un jardín sin flores
cabizbajo y pensativo.
Cojo la pluma y escribo
la historia de mis amores.

Una vez sin experiencia
yo celebré una porfía
sin saber que me cubría
el velo de la inocencia.
A una joven con prudencia
le declaré mis amores
y me amó, pero señores,
oirán mis lamentos luego
que por mis pasiones ciego
entre en un jardín sin flores.

Todo el mundo me decía
que mi dama idolatrada
se encontraba deshonrada
pero yo no lo creía.
La adoraba, la quería
con un cariño excesivo
y como joven altivo
al ver que de ella se hablaba
amándola me encontraba
cabizbajo y pensativo.

Me quise desengañar
si el público comentaba
o si con fijeza hablaba
para mi burla evitar.
Me dije voy a olvidar
la crítica que recibo
y a continuación describo
ante un juez llamado Antonio
la firma del matrimonio;
cojo la pluma y escribo.

En fin, cuando disfrutaba
de los placeres con ella
vi oscurecida la estrella
que entre dudas me alumbraba.
Luego a los seres juzgaba,
no como comentadores,
sino, como anunciadores
de un extenso padecer
que al final iba a tener
la historia de mis amores.

No quise que quedaran en el olvido estos chispazos de la memoria agradecida. Fue un honor haberle conocido.

Luis Carlos Coto Mederos
Marianao, 18.06.2019

Abuelo Pascual

Abuelo, abuelo Pascual, mi abuelo paterno, era de oficio carpintero.

También era poeta y, aunque nunca se dedicó a ello en cuerpo y alma, había recibido de Dios, al momento mismo de nacer -hay quien dice que en medio de la travesía de un barco-, ese don angelical y pertinaz del cielo.

El hecho es que abuelo era poeta y pasaba las rudas horas laborales del día improvisando décimas, -y sextillas que también las sabía hacer… Claro, sus temas eran inmediatos, lo que estaba a mano, lo que sucedía en derredor.

Pascual Coto Maderos se llamaba y casó con una joven nombrada Esmérida Hernández Coipel; -Angélica, como la conocimos todos. Tuvo con ella una familia larga de diez hijos e innumerables nietos.

Abuelo había nacido en mayo de 1897, quizás, en Mérida, México, y vivió la mayoría de sus sesenta y nueve años durante la primera mitad del siglo XX, en La Salud, La Habana, Cuba. Tiempos difíciles aquellos debido a las guerras y las crisis económicas. Se puede colegir entonces que no fue fácil su existencia. Tenía que trabajar duro para conseguir lo mínimo necesario, aunque siempre contó con el carácter fuerte y la energía fecunda de mi abuela.

Sin embargo, nunca perdió la alegría y la sonrisa, ni los deseos de versificar lo simpático, ingenioso y versificable de su acontecer pueblerino. Muchas de sus creaciones se perdieron y sólo algunas llegaron a nosotros a través de la memoria de sus hijos.

En lo personal tengo que decir que yo era un niño de apenas nueve años cuando lo vi fallecer. Fue mi primer encuentro con la muerte. Años después supe que su nombre, “Pascual “viene de la tradición judeo-cristiana y quiere decir “El que pasó”. Fue entonces que escribí aquellos dos únicos versos en Ronda de la infancia:

Ay abuelo Pascual…
¿adónde has ido?

Le sigue, en el mismo texto, una enumeración de elementos sensoriales de la naturaleza que tal vez intentan explicar el destino inasible de su partida. En fin, el misterio queda intacto.

Lo verde lo amarillo lo púrpura lo verde
lo amarillo lo azul lo blanco lo amarillo
lo azul lo blanco lo púrpura lo verde
lo púrpura lo verde lo lila lo amarillo.

Hoy me place publicar algo de lo poco que ha quedado de aquella vasta producción efímera. Tampoco nos dejó, él no quiso, fotografía alguna de su persona.

Tenemos, eso sí, su recuerdo y algo conmovedor que se nos mueve en el pecho.

Fábula poética I

-Caballo, dime: ¿por qué
estás tú tan resabioso?
-Un recuerdo misterioso
que para siempre tendré.
-Si es mejor andar a pie
que en tu lomo escarranchado.
-Si me lo tienes pelado,
nunca más pienso sanar,
me debes considerar,
no ser tan abandonado.

-Caballo dile a Nené
que te corte algún cogollo
porque tú eres un criollo
de los que salvó Noé.
Viejo estás y se te ve,
tienes las patas canosas,
pero te digo una cosa,
amarrado en el camino
pronto será tu destino
el pico de una tiñosa.

Pascual Coto Maderos

Fábula poética II

-Caballo, dime: ¿por qué
estás tú tan pensativo?
- ¿Quieres saber el motivo?
pregúntaselo a Nené.
Es que yo no sé por qué
aquí me encuentro amarrado.
Ya estoy medio derrengado
y hasta me tienen en lista
como si fuera un “porrista”
del gobierno de Machado.

Cuando era de Leprija
bastante que corcoveaba,
claro, porque me pinchaba
con la espuela la verija.
Y Mongo dándose lija
todo el lomo me peló.
Por eso creía yo 
que se me acercaba el fin.
Luego me tuvo Antolín
y Rogelio me curó.

-Más tarde me preguntó:
-Chico, ¿no has visto a Nené?
y le dije: -La otra vez
lo vi que en su casa entró.
- ¿Por mí no te pregunto?
-No, hablábamos de otra cosa.
-Qué vida tan angustiosa
voy pasando en el camino,
pronto va a ser mi destino
el pico de una tiñosa.

Ya no se acuerda Nené
cuando estaba de lechero,
me buscaba buen potrero
y nunca pasaba sed.
Por eso yo me inspire
a dedicarle esta “prosa”.
Con palabras cariñosas
quiero terminar mi sino,
no vaya a ser mi destino
el pico de una tiñosa.

Pascual Coto Maderos

Las fuentes de su apellido

“Las fuentes de su apellido”
Omar Mirabal

En Cuba hay días evidentes que gritan de qué lado de los solsticios y los equinoccios nos hemos despertado. Aun, cuando un slogan promocional turístico dice que “Cuba es un eterno verano”, los que vivimos atentos a las bellezas y bondades de nuestra patria podemos atisbar todos los cambios del clima en esta isla de desbordante poesía.

Aquella mañana del miércoles 3 de octubre del 2018 era declaradamente de otoño. Cuando el VW de mi hermano Pedro José entraba en la ciudad de Artemisa y una galería esplendida de héroes y mártires de la patria nos daba la bienvenida, la luz amarillenta y el animado airecillo anunciaban con nostalgia veraniega una lluvia imprevista.

Cumplíamos entonces con una invitación del amigo Ricardo Echevarría. (Permítanme decir aquí que Ricardito ama las artes y en especial la poesía con absoluta pureza. Un día dedicaré una página a su impronta. Nadie como él lo merece). Con los brazos abiertos y el acostumbrado superlativo de su voz y sus palabras nos recibió y nos acomodó en la hospitalidad de su casa.

Así, a su abrigo, y con toda la intimidad de un día otoñal, conocimos personalmente al poeta güireño José René Fuentes Cintado. (Renito).

 

Renito es un hombre de campo. A sus 78 años de edad mantiene una fortaleza corporal óptima y una lucidez envidiable. Tiene las manos bien trabadas, la sonrisa noble y la imaginación exuberante del campesino cubano. Renito es un poeta repentista, es además un intelectual curtido y ante todo un cubano de ley.

Con el café llegó el primer tema. No podía ser otro que Artemisa. De su libro Tiempo recuperado, Editorial Unicornio 2015, Renito nos lee:

Artemisa

Soy, ¿quién no lo sabe? caña,
tabaco, frutos menores,
viandas, hortalizas, flores,
llanura, río y montaña.
Soy verde. El sol que me baña
viene de un alba mambisa,
aire fresco de otra brisa
pero del mismo palmar.
No hace falta preguntar
mi nombre: Soy Artemisa.

Soy areito, canoa,
riqueza de origen pobre
y luna dormida sobre
una orquídea de Soroa.
Arena de Baracoa,
trigo en la piel de otro pan,
surco paridor de San
Cristóbal, y una Bahía
Honda que bate y enfría
las aletas del caimán.

Soy decima campesina,
pintura, teatro danza,
nuevo sol de una esperanza
que hasta de noche ilumina.
Diosa mucho más divina
cuanto más occidental,
cuerpo de guitarra igual
a la que regó en el viento
el eco y el sentimiento
del Guajiro Natural.

Soy pólvora en el Moncada
grito rebelde en la Sierra
y cosecha de una tierra
con sangre fertilizada.
Destello de una alborada 
que se negó a ser sumisa,
hechura de una camisa 
sudada de surco a cueva.
Soy una provincia nueva
de Cuba, soy Artemisa.

Renito nació en Artemisa, en 1940. Fundó su hogar y su familia en Güira de Melena y desde entonces vive allá. Renito es artemiseño y es güireño al mismo tiempo y sin menoscabo.

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En una charanga en Songo

En una charanga en Songo
conocí una negra conga
que poseía una tonga
de gusto en el pirindongo.
Yo enseguida le propongo
salir a bailar pachanga,
se formó la burundanga
en cuanto se armó la rumba
y al poco rato Lumumba
estaba entrando en Catanga

Miguel Ángel Ávila.

Parte Meteorológico

Se arma una perturbación
en el tibor de Vidal
que se propone acabar
con esta demarcación.
Tomen todos precaución,
cierren puertas y ventanas,
porque si le da la gana
de cobrar intensidad
va a arrasar con la mitad
de la provincia La Habana

Pascual Coto Maderos

Estampas de La Salud

Siempre he sentido algo muy especial por las manifestaciones populares de la cultura. En ellas está el alma toda de los pueblos, en ellas vibra la gente tal como es.

Eso lo aprehendí de niño en La Salud.

Los pueblos de campo son pródigos en historias y personajes populares y La Salud anduvo siempre a la vanguardia en eso.

Cuentos, décimas, anécdotas, canciones y parodias de canciones muy conocidas eran el plato fuerte de aquellas tertulias infinitas que brotaban silvestres en todas las esquinas. El parque, sobre todo en las noches y los domingos, se erguía como catedral de estas delicias.

Cualquier acontecimiento era propicio. Siempre encontrabas a alguien capaz de colocarse al centro de un grupo de amigos para divertirlos o llenarlos de asombro. Gente verdaderamente simpática y con un dominio absoluto y natural de las más tradicionales técnicas comunicativas.

Quizás mi hermano, Pedro José, haya tocado la cima. Dueño de una sólida cultura, de un histrionismo depurado, y de una memoria heredada y digna de nuestro padre Neno es hoy, algo así como, un honorable albacea.

He puesto el texto en pretérito porque, desdichadamente, sospecho que se ha ido perdiendo aquel modo de vida bucólico y con él buena parte de nuestra identidad. Confió que, aún, muchos saludeños y saludeñas guarden, al amparo de su cariño, historias nuestras. Les invito a compartirlas.

También le he pedido a mi hermano me transfiera todo lo que ronda por su cerebro y su sonrisa para ponerlo en esta página que él y yo dedicamos con todo respeto y amor a nuestro querido pueblo.

Luis Carlos Coto Mederos

Marianao, septiembre del 2018.

La yegua de Lopetey

Voy a hacer la biografía
de un cuento que se ha hecho ley:
la yegua de Lopetey
que a conocerla fui un día.
Cuanta sorpresa la mía
cuando la vi en el corral
con su blúmer de percal
con zipper y ligadura
tapándole la hermosura
trasera del animal.

Este es un caso especial
me dije mientras miraba
cuando al fin me percataba
que eso era descomunal.
Aquel dichoso animal
mostraba un hecho evidente,
tan moral y tan decente
que unos blúmeres usaba,
porque así no le enseñaba
la misicumbia a la gente.

Esa yegua era bastante
presumida y recatada,
muy decente y preocupada
por mantener su talante.
Su perfume desbordante
la hacía más presuntuosa.
Con chancletas color rosa
comía bajo el guayabo
y una gran trenza en el rabo
la hacía lucir preciosa.

Cuando me fui me dijeron
que un potro llegó al corral
y a tan decente animal
los blumers se le cayeron.
Las chancletas se perdieron
corriendo por el batey,
y debajo de un mamey
el potro la aprovechó
y así se desprestigió
la yegua de Lopetey.

Anónimo

En la finca “La Jutía”

En la finca “La Jutía”
vive un tal Juan Barceló
que cierta noche llenó
de asombro la sitiería.
Después de pasar un día
comiendo lechón asado,
col y aguacate morado
se acostó sin presentir
lo que le iba a ocurrir
por llenarse demasiado.

Ya quedándose dormido
cuentan que se le escapó
un viento que le dejó
todo el hogar destruido.
Fue tan grande el estampido
que hasta el vecino del frente
levantándose impaciente
dijo a su esposa Pilar:
-lo que acabo de escuchar 
es una cosa imponente.

En desastroso desliz
las palmas se temblequearon
y muchas de ellas quedaron 
arrancadas de raíz.
No quedó una codorniz
que no dejara su nido
y hasta el verraco aturdido
rompió del corral la cerca
diciendo: -vámonos puerca
que te llama tu marido.

Cuentan que al siguiente día
después que el estruendo oyeron
mil periodistas vinieron
a la finca “La Jutía”.
De Francia, Alemania, Hungría,
de Brasil, Rusia y Japón
llegaban con la intención
de estudiar con sabio acento
el secreto de aquel viento
que sonó más que un cañón.

De todo lo que he contado
surgieron mil cosas mas
pero para lo demás
yo no estoy capacitado,
y si crees que te engañado
puedes visitar un día
a la finca “La Jutia”
y así sabrás como yo
que el cuerpo de Barceló
le está ardiendo todavía.

Anónimo